Foreword

El telar de Rebeca-Perséfone-Penélope. Las tristezas y alegrías de una niña de mar y otra de hielo.

Mira, me cogen dolores por todo el cuerpo cada vez que te pienso: tal es la fuerza, o debilidad, que me ata a ti. Y ¿por qué a ti? Por qué tenías que ser tú.

El peor de los dolores me sobrevino cuando me ataste a ti.


Me desaté, cuidadosamente, poco a poco, de ti. Tomé precauciones para el rencor no dominara. Yo, Rebeca, jamás te odiaré, niño de Sol. Para que, haga lo que haga, te tenga en cuenta, como hice siempre, aunque tú no lo quisieras ver.


Te quise abandonar como cosa ardiente y fría. No supe. Echaba de menos mi soledad, mi paz. Me la quitabas, porque me dejabas una sed insaciable. Pero quise dejarte. Lo quise. Y ocurrió. Me dejaste. Dejé que me dejaras, porque en el fondo, en la superficie, lo quise. De acuerdo con la ambivalencia más profunda que me define, dejé que me dejaras e hice del horror de nuestra amistad una elegía. El horror de la mentira de la fantasía me ha sobrellevado-llevado a un escepticismo automático, las cosas no son como parecen, y a la vez siempre lo fueron, pero el sabor de ellas.

Me embargó la sed de mí.

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